La ley y el cuidado pastoral

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Ensayo

Este tema comienza con las personas que pastoreamos y cuidamos. Cuando dirigimos un ministerio o acompañamos a otros, no siempre encontramos el tipo de personas que nosotros habríamos escogido. Tal vez quisiéramos trabajar con ovejas maduras, pero Dios puede confiarnos corderitos, creyentes nuevos o personas que cargan muchas heridas.

El punto clave es que quien elige a las ovejas no somos nosotros, sino Jesús. Un pastor no cuida solo a quienes encajan con sus preferencias personales. Recibimos como misión a las personas que Jesús nos confía, y las alimentamos, cuidamos y guiamos según su condición.

Recordemos el flujo de Juan 21. Jesús le dice a Pedro que apaciente sus corderos, pastoree sus ovejas y apaciente sus ovejas. Aquí hay una distinción sutil. No debemos acercarnos a todas las ovejas de la misma manera; necesitamos distinguir entre corderos jóvenes y ovejas maduras, y también entre alimentar y guiar.

Un corderito es una oveja recién nacida. Puede representar a alguien nuevo en la fe, herido, dependiente o inseguro de su identidad. Si imponemos entrenamiento fuerte y responsabilidades demasiado pronto, esa persona puede quebrarse antes de crecer. En esta etapa, lo que más necesita es amor.

Puedo dar un ejemplo personal. Una vez pensé en formar a alguien como servidor y me acerqué a esa persona durante un día con esa mentalidad. La persona se hirió rápidamente y permaneció en silencio por mucho tiempo. Mi intención era corregir su ritmo y actitud para que pudiera servir mejor. Pero su etapa no era una etapa para intensificar el entrenamiento. Primero necesitaba amor y seguridad.

Por eso los corderos jóvenes necesitan ternura. Aunque esta frase pueda parecer simple, expresa una sensibilidad pastoral esencial. Las personas cuya identidad está frágil necesitan escuchar: "Estás a salvo", "Puedes crecer" y "Eres amado". Antes de recibir la disciplina de la siguiente etapa, muchas veces necesitan experimentar primero un amor incondicional.

Las ovejas maduras, por el contrario, necesitan un trato diferente. Pueden caminar con mayor independencia y asumir responsabilidades. Algunas personas crecen más cuando se les confía responsabilidad. Si solo las alimentamos sin confiarles ninguna tarea, su crecimiento puede quedar obstaculizado. Las ovejas maduras necesitan dirección, responsabilidad y guía para servir junto a otros.

Aquí el discernimiento pastoral es crucial. Algunas personas necesitan amor y alimento, mientras que otras necesitan disciplina y responsabilidad. Aplicar un solo enfoque a todos puede herir en vez de ayudar. Si tratamos siempre a todos de la misma manera, quizá no estemos viendo su etapa ni sus necesidades reales.

Las iglesias también pueden tener funciones distintas. Una iglesia de restauración puede reunir a muchas personas heridas e inmaduras. Una iglesia enfocada en formación y crecimiento puede enseñar los fundamentos de la fe y ofrecer estabilidad y entrenamiento. Una iglesia que levanta colaboradores maduros puede buscar que personas responsables compartan la misión. Ninguna de estas formas agota por sí sola el cuerpo de Cristo, y las demás no son necesariamente incorrectas.

Por lo tanto, no debemos juzgar a las iglesias con ligereza. Algunas sirven como lugares de restauración, otras se centran en la formación, y otras levantan colaboradores maduros. Incluso una iglesia que a mis ojos parece limitada puede estar cumpliendo, delante de Dios, un papel necesario dentro del cuerpo de Cristo.

A continuación, necesitamos mirar la estructura del evangelio. El pacto mosaico y el nuevo pacto no operan de la misma manera. Cuando decimos que Jesús vino a cumplir la ley, no significa que ahora repetimos todas las instituciones del Antiguo Testamento en su forma antigua.

Decir que la ley se ha cumplido significa que su propósito llegó a su plenitud en Jesús. Lo que la ley señalaba, lo que anticipaba el sistema de sacrificios, lo que simbolizaban el templo y el sacerdocio, todo se realizó en Cristo. Por eso, en Jesús, algunas partes de la ley llegaron a su fin y otras fueron cumplidas de tal manera que ya no pueden repetirse en la forma antigua.

El ejemplo más claro es el sacrificio. Los sacrificios del Antiguo Testamento se repetían una y otra vez. Pero la cruz de Jesús fue un sacrificio hecho una vez para siempre. Volver a ofrecer sacrificios de animales en la era del nuevo pacto sería deshonrar la sangre de Jesús. El sacrificio, como sistema, terminó en Cristo.

Lo mismo ocurre con el templo. En el Antiguo Testamento, el templo ocupaba el centro, pero en el nuevo pacto el centro es Cristo. Cristo es el verdadero templo, y la iglesia y los creyentes unidos a Cristo son templo de Dios. La presencia de Dios ya no queda limitada a un solo edificio, sino que se revela en Cristo y en su cuerpo, la comunidad.

La función de la ley también cambió. Muchas normas del Antiguo Testamento operaban dentro de la estructura religiosa y nacional de Israel. Pero bajo el nuevo pacto, el cumplimiento externo no es el centro de la justicia. La fe en Cristo es el centro. Lo que transforma a una persona no es tomar más reglas en la mano, sino la obra interior del Espíritu Santo.

Sin embargo, esto no significa que la ley no tenga valor. Esa sería una reacción extrema. La ley revela el pecado, muestra la santidad de Dios y nos enseña que no podemos hacernos justos por nosotros mismos. La ley funciona como un espejo: nos muestra dónde está la suciedad.

Pero un espejo no puede lavar el rostro. La ley revela el pecado, pero el poder para limpiar el pecado y dar vida viene del evangelio, del Espíritu Santo y de la nueva vida que Dios pone en nosotros. Por eso la ley tiene un beneficio real, pero sus mandamientos en sí mismos no dan vida.

El tema del diezmo debe entenderse dentro de esta estructura. En el Antiguo Testamento, el diezmo estaba relacionado con el templo, los levitas y la estructura del pacto de Israel. En la era del nuevo pacto, pasan más al centro el dar voluntario, la mayordomía y la consagración gozosa. Esto no significa que el diezmo no tenga sentido, ni es una crítica a las iglesias que lo enseñan.

El punto importante es la etapa de cada persona. Para algunos, el diezmo sirve como una base importante y como entrenamiento en la fe. Pero algunos creyentes maduros ya entienden que todo lo que tienen pertenece a Dios, y por eso dan más, comparten más y se consagran de manera más completa. Decirle simplemente a esa persona: "Debes diezmar" puede no corresponder a su etapa de fe.

Por ejemplo, pensemos en creyentes maduros que dirigen empresas o ejercen profesiones con gran responsabilidad. Tal vez ya entienden profundamente lo que significa entregar a Dios su vida, sus finanzas y su trabajo, y quizá dan mucho más que un décimo. Hablarles solo con el mismo lenguaje que se usa para un creyente principiante no sería pastoralmente suficiente.

Entonces la clave es un discernimiento flexible. Debemos comprender la estructura de la ley y el evangelio, y al mismo tiempo ver dónde se encuentra una persona en su camino. A los corderos les damos amor y alimento; a las ovejas en crecimiento, responsabilidad y dirección; a los colaboradores maduros, una misión y una libertad más profundas.

No podemos elegir a quién Dios nos confía. Puede ser una persona muy frágil, un cordero joven, una oveja en crecimiento o un colaborador maduro. Por eso un ministro no debe preparar un solo enfoque. Debe estar preparado para servir bien a personas en distintas etapas.

En última instancia, el beneficio de la ley y la vida del evangelio deben mantenerse juntos. La ley ayuda a revelar el pecado y a discernir la voluntad de Dios. Pero el evangelio da vida, el Espíritu transforma a las personas y el nuevo pacto nos llama al camino de la fe y del cambio interior. Los pastores deben alimentar, cuidar y edificar a las personas según su etapa dentro de este marco evangélico.

Notas de contenido

1. Un pastor no elige solo las ovejas que prefiere

2. Juan 21 muestra diferentes tipos de cuidado

3. Los corderos necesitan amor y alimento antes que una gran responsabilidad

4. Hay personas para quienes el amor debe venir antes que el entrenamiento

5. Las ovejas maduras necesitan dirección y responsabilidad

6. Discernimiento pastoral significa cuidar según las etapas

7. Diferentes iglesias pueden desempeñar diferentes roles

8. El pacto mosaico y el nuevo pacto funcionan de manera diferente

9. El sistema de sacrificios terminó con el sacrificio único de Jesús

10. El centro del templo se trasladó a Cristo y a la iglesia

11. La justicia se basa en la fe, no en el cumplimiento de reglas externas

12. La ley todavía tiene beneficios reales

13. La ley es un espejo, pero no el remedio que limpia

14. El diezmo debe discernirse dentro de la estructura del nuevo pacto

15. El lenguaje de la ofrenda debe cambiar según la etapa de la persona

16. Los ministros deben estar preparados para servir a personas en muchas etapas

17. El beneficio de la ley y la vida del evangelio deben sostenerse juntos

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